Cómo el Coronavirus está destrozando mi Erasmus

La experiencia de mi vida, la oportunidad de viajar sin parar, de conocer gente de todos los países de Europa (o intentarlo, al menos), independizarme por primera vez, e intentar sacar un curso adelante cuando el único día que no salgo de toda la semana es el domingo. Todo esto podría resumir mi Erasmus, entre otras muchas anécdotas más. Sin embargo, nadie me advirtió de que debía estar preparada en febrero para que eso terminara. 

Yo soy Isabel Cebolla, estudio el doble grado de Relaciones Internacionales y Comunicación en la Universidad Loyola Andalucía en Sevilla, una ciudad al sur de España. Durante este curso 2019/2020 me encuentro realizando mi Erasmus en la Universidad de Bolonia, aunque ahora, debido a la situación provocada por el Covid-19, he tenido que volver a Sevilla.

De un día para otro, pasé de haber estado en un solo mes en Milán, Praga, Venecia y Londres a estar encerrada en casa por culpa de algo que, de primeras, nos parecía una tontería. Cuando el 23 de febrero nos cancelaron las clases y mi padre me llamó, cómo no, preocupado, yo tenía planeado volver la semana siguiente, por lo que, volverme una semana antes tampoco me suponía ningún problema. Hice la maleta con ropa para apenas dos semanas, tiramos la comida que pudiese ponerse mala en ese tiempo y dejamos la casa hecha un desastre. Por supuesto, mis compañeros de piso y yo nunca imaginamos que al volver tendríamos que tirar la leche, que caducaba en mayo.

Encontrar un vuelo para el día siguiente también fue una gran aventura, pues por miedo a que cortaran el tráfico aéreo en Milán, decidí no utilizar el billete que había comprado en primer lugar desde Malpensa a Sevilla por un precio excesivamente alto. Al final, preferí coger un vuelo desde Bolonia con destino a Málaga, haciendo escala en París. Coronavirus, me debes una gran cantidad de dinero por esos vuelos, y por los que he perdido por tu culpa. 

Una vez ya en Sevilla, como parecía que aquí en España nadie estaba preocupado por el virus, yo hice vida normal. Salí de fiesta, quedé con amigos, vi a mis abuelos, e incluso fui a la biblioteca, totalmente convencida de que yo no tenía absolutamente nada, me notaba sanísima. Poco a poco, fuimos siendo más conscientes aquí de la gravedad de la situación, pero nadie dejó de salir o hacer vida normal a pesar las noticias y todas advertencias de lo que se nos venía encima. De hecho, a la semana de llegar, participé en un torneo de debate, donde estuve conviviendo con más de 100 personas durante 5 días. 

A la vuelta, fue cuando comenzó el caos. Ya nos estábamos percatando de que la situación era más seria de lo que parecía en un principio, que no era “mucho menos que una simple gripe”, y que la posibilidad de que nos encerraran en nuestras casas era cada vez más real.

Mis amigos del Erasmus y yo nos negábamos a aceptar que no íbamos a poder volver a Bolonia el día que teníamos los vuelos, el 10 de Marzo, primer día de aislamiento en Italia. Al final acabó en una gran preocupación por que todos aquellos que aún quedaban en Bolonia pudieran volverse corriendo a España. Nos resultó algo difícil de asimilar que no íbamos a volver por el momento, por lo que resolvimos irnos a la playa muchos de nosotros, todos juntos, decididos a, en caso de que fuera necesario, pasar la cuarentena juntos. 

Por supuesto, la fantasía duró poco, y a  España el confinamiento llegó apenas 3 o 4 días después que a Italia y mis amigos y yo estábamos en la playa intentando despreocuparnos de la situación, nuestros padres, cómo no, preocupados, nos obligaron a volver el día antes de que cortaran las carreteras. 

Desde entonces, llevamos 2 semanas y media encerrados en casa, y lo que nos queda, poniéndonos al día con las clases, vagueando en pijama todo el rato, peleándonos por sacar al perro y, con suerte para el que tiene terraza o azotea, haciendo más deporte que nunca con tal de respirar un poco de aire. Imagino que en Italia y en el resto de países confinados, está todo el mundo igual. 

Respecto a nuestro Erasmus, este paréntesis (que lo mismo es un final adelantado) nos ha trastocado muchos planes, desde viajes perdidos a experiencias pendientes, y nos ha creado una incertidumbre constante sobre si podrán organizarse actividades ya planeadas para final de curso, mientras que mantenemos una inagotable esperanza de que todo volverá a la normalidad mucho antes de lo que dicen. 

Creo que todos nosotros necesitamos tener siempre presente ese pensamiento de que aún nos quedan experiencias por disfrutar para no volvernos locos. No estamos realmente preparados para ser conscientes de que, probablemente, nuestro año se acabará sin poder terminar de saborearlo, y que nuestras amistades se mantendrán, pero no se vivirán de la misma manera. Volveremos a nuestra vida universitaria, monótona y poco interesante, y por mucho que nos esforcemos, no podremos salir todos los días durante dos semanas seguidas, no conoceremos gente de toda España cada vez que estemos de fiesta, ni podremos cogernos un vuelo un martes a la otra punta de Europa por 20€. 

Pero para nosotros, ese momento no ha llegado, ya en agosto lo asimilaremos, pero queremos seguir creyendo que este maldito virus no ha acabado aún con la experiencia de nuestra vida, y que en un par de semanas, o un mes como mucho, volveremos a estar tomándonos una cerveza en Piazza Verdi mientras nos comemos un Pizza Casa y planeamos nuestro siguiente viaje. Crucemos los dedos para que sea así. 

Rispondi

Inserisci i tuoi dati qui sotto o clicca su un'icona per effettuare l'accesso:

Logo di WordPress.com

Stai commentando usando il tuo account WordPress.com. Chiudi sessione /  Modifica )

Google photo

Stai commentando usando il tuo account Google. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto Twitter

Stai commentando usando il tuo account Twitter. Chiudi sessione /  Modifica )

Foto di Facebook

Stai commentando usando il tuo account Facebook. Chiudi sessione /  Modifica )

Connessione a %s...